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Hoy no,
que mi cuerpo es templo
y mis besos santos
saben a diablos
vestidos de ceniza.

Que cada vuelta
a los planetas
es mi santo
y lo celebro
con silencios.

Que mi tiempo
de luces amarillas
atraviesa los espejos
soñándose
abril eterno,
un sol colosal
alcanzando al sur
la primavera.

Eduardo D’Attellis
043020

Esta entrada se publicó el mayo 17, 2020 en 2:13 am y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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