Mujer Fragmentada III

Necesité mil cuerpos
para amar a una sola mujer,
uno, nunca fue suficiente.

Fui sumando sus detalles
en cada nueva piel,
añadiendo abstractas
todas sus miradas,
confeccionando un traje
de encantos y modismos
para su próxima presencia.

Busqué tesoros en sus almas,
y amé cada rostro
como único ser,
rezando con escandaloso silencio
a todos los cadáveres de amor
que dejé en mi camino
de pájaro centauro.

Eduardo D’Attellis
051918

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Esta entrada se publicó el julio 10, 2018 en 3:46 pm y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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