Rojo Dorado

Me mudé
a una casa sin techo
para encontrarte.

Y fui paredes rojas
para espantar
tus demonios
de ausencia.

Me convertí
en la esperanza
que no tenías,
en un beso de piel
-callado e infinito-,
en una sonrisa
para sanar.

Intentando tropezarme
-aunque sea un instante-
con un pedacito
de lo mejor de las historias
que se cuentan de ti.

Eduardo D’Attellis
B030418

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Esta entrada se publicó el mayo 1, 2018 en 12:40 am y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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