Verde Hielo

Aprendí a amarte así:

Incondicionalmente
y a sangre fría.

Con un dios dormido
y mil nombres
de mujeres olvidadas
detrás de la lengua.

Endulzando las tardes
en el silencio del café,
mientras converso
con el retrato imaginario
de tu voz
que no sabe partir
junto a tu ausencia.

Con el deseo y la ternura
hospedados bajo la almohada
de un ayer eterno
que despierta con tu nombre
cada mañana.

Arañado el vacío
del tiempo infinito,
que me mira
desde las esquinas
empujándome el alma
hacia tus ojos.

Esquivando las balas
de toda memoria,
lugar y signo,
que desesperados
tratan de acordarse de ti,
atentando
contra mi resignado deseo
de olvidarte.

Eduardo D’Attellis
041218

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Esta entrada se publicó el abril 25, 2018 en 8:48 pm y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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