Cisne Salvaje

Entre nuestras miradas
hay un fuego que no se extingue
con un adiós adosado
con mentiras sagradas.

Conservo su esencia
cosida a los ojos.
Una memoria de piel, alma y sangre,
en cada signo suyo
que arde en el infinito
de un tiempo sin tiempo.

En el sueño inasible
todo lo muerto renace,
y lo aún dormido respira.
Esta forma de amar
-dulce, iracunda e incondicional-
no conoce la muerte.

Ni aún
en la amarga despedida
amarrada a la tibieza
con sabor a hogar
de las piernas indiferentes
de un cisne salvaje.

Eduardo D’Attellis
032518

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Esta entrada se publicó el marzo 25, 2018 en 9:50 pm y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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