Mi tiempo
de seguir causas ciegas
ha pasado.

He visto llorar
los árboles
a sus sombras
y romperse los mares
en el negro de la sal.

Mi cuerpo es una diana
para caricias amargas,
y la anarquía de mi boca
no se conforma
con ser
un verbo escurridizo.

No seré más
la mirada distante
que derrama frustraciones
en la sobriedad
de las botellas vacías.

Quebraré la calma
de la respiración
de los dormidos,
con un beso
de paz inquieta.
Árida,
romántica,
subversiva.

Y colgado de un sueño
-dulcemente violento
como un rabo de nube-,
volver a volar.

Eduardo D’Attellis
101917

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Esta entrada se publicó el diciembre 9, 2017 en 11:11 am y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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