Mi cuerpo es un templo
que se abre con tu voz.

Un desierto
de miradas vacías
que llenas
con tu presencia.

En la ausencia del deseo
tus ojos son chispas
que encienden las auroras
de mi alma opaca de olvidos.

Después de tus besos
no hay muerte posible,
tu cuerpo es un mar
hecho de cielos
donde aprendo
a resucitar.

Eduardo D’Attellis
B112917

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Esta entrada se publicó el noviembre 29, 2017 en 5:59 pm y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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