Delirium Tremens

Ella no debió irse así.

Partir de mí
con mi sangre húmeda
desbordando de su boca,
acariciando su cuerpo desnudo
con los dedos rojos de placer,
saboreando extasiada
el latir apagado de mi pecho
en su vientre de cenizas.

Vestida de sangre
levitó sobre mí,
sellándome las palabras
con besos a mansalva,
dejando caer
en mis labios sedientos
su negra mantilla
de silencios.

Llorando diamantes,
desmenuzó la blandura
guardada bajo mi piel,
mordiendo con sutil frenesí
cada rincón de mi carne,
arañándome con los ojos
los secretos,
dejándome alma
abrumada,
desnuda,
calada hasta los huesos.

En el pretérito
de su partida
todas las jaulas
están abiertas,
mi cuerpo es un jardín
de vísceras rotas,
riachuelos de savia roja
y ganas derramadas.

En mi cadáver sin tumba
todos los seres alados
han partido,
bajo esta piel
ya no hay perros amaestrados
ni bestias que domesticar.

Eduardo D’Attellis
042717

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Esta entrada se publicó el mayo 17, 2017 en 2:03 am y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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