Luciérnaga Celeste II

Escucha este silencio
que mi boca no se atreve a decir:

Ardí en ficciones,
dibujándote eterna
entre formas intangibles
que nacen en la luz
de los espejos negros.

Escapé de los infiernos
de tantos cuerpos pasajeros,
soñando temporales
en tus pechos de nube.

Que he invocado en tu nombre
la savia que brota de mi piel,
para calmar la sed
de todos los muertos
que habitan en mí.

Quebrándole desde lejos
los vidrios a los techos
de los ocasos.
Inventando crepúsculos
para romper con colores
esta mortaja de silencio
que nos cubre.

Desgarrándome con orgullo las pupilas,
exiliándome de tus misterios
entre solsticios y equinoccios
de universos imaginarios.
Arañando de ansiedad el olvido
por ya no saber donde mirar
cuando tus ojos me salven.

Eduardo D’Attellis
011117

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Esta entrada se publicó el marzo 17, 2017 en 12:32 am y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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