Ravena

Dragon & Anacondas

Este mar abre su boca
con su hambre de remolino,
con su piel de volcanes suicidas.

Como un dios dormido
en los pasillos
de un castillo sin ventanas.

Sueño de bomba atómica
devorando el dolor de los espejos,
de la soledad enquistada
en la belleza perfecta.

Y en una memoria de museo
-fugaz y quizá inoportuna-
pasa un ángel de piel
pintando mapas de colores
en los deseos.

Como una invitación de vuelo
tras la estela rasante
de su última mariposa.

Una lluvia de rayos azules
-con ecos de aguacero-
anhelando irse a vivir
a un diamante de papel.

Eduardo D’Attellis
092416

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Esta entrada se publicó el septiembre 25, 2016 en 11:09 pm y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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