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Heraldo de mañana obscura
y tarde de luz mecánica,
paisaje de lagos muertos
entre almas reciclables.

Seré amanecer
de número martillado,
la trinidad,
el infinito,
se hacen signo
definiendo mi estadía.

Colindaré mis ojos
con el ruido y la paz
del silencio
de las prisioneras
de mis sueños de fuga.

Quizá vuelva a ser
-en un segundo amordazado-,
un hombre alado
paseando por la tierra,
cuatro mil años después
de la conjugación
de miradas inolvidables.

Eduardo D’Attellis
051816

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Esta entrada se publicó el mayo 18, 2016 en 1:04 am y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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