Dulce Entropía

FLORA VI

Remolinos de tiempo circular
comprimen sus ansias sobre mí,
tentándome con sonrisas verticales
servidas en besos de tiburón.

Ya sembré ojos lluviosos
y lágrimas de piel en mi parnaso.
He sido sombra de voces que hacen eco
en el silencio de los semáforos,
polvo derramado amarillo e intenso
en la profundidad de la noche,
iluminación de deseos sin fe
que nunca cruzan la puerta.

De repente me descubro
ciudadano de primavera de salamandras,
caminante de arcoíris de viento,
púlpito irreverente
contra gobiernos de serpientes bicolor.

El susurro de las horas
jura recordarme eclipse abisal,
aurora de espera,
chispa de verso cuántico,
periferia de ciudad fragmentada.

No soy más
que la suma de todos mis mundos
que se restan entre sí,
retrato íntimo de mi locura,
una simple máquina de carbono
sumida a la voluntad de mis egos.

Eduardo D’Attellis
031516

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Esta entrada se publicó el marzo 30, 2016 en 9:35 pm y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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