Verano de Cenizas

kaleo de desnudez

Miles de ojos húmedos y brillantes
dijeron no una y otra vez.

Cansado de espejismos,
en un sorbo de selva
abrí puertas
que permearon mi piel de mundo,
desnudando mi alma a la intemperie.

La soledad se vistió de guerras,
clavando en mi su indolencia,
sus puñales de días grises.
Mansalva de amarguras
sobre un corazón
que no aprende a sangrar olvidos.

Así partieron las causas,
los sueños de futuro,
las mujeres con ojos de fuego
que incendiaban mi alma.
Batieron alas indescifrables,
tiñendo de vacío mis banderas.

Quizá siempre fui ciego
-suerte de miope emocional-.
Saturado de mediocridad,
ensordecí para desentenderme,
me hice mudo para no gritar,
para no descargar mi furia
devoradora de primaveras.

Inevitablemente
mi sed de universos,
mi hambre de días mejores,
trajeron consigo
un verano de cenizas,
donde el hastío hizo de mi
una pieza de rompecabezas
que no termina de encajar.

Eduardo D’Attellis
121515

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Esta entrada se publicó el diciembre 15, 2015 en 6:14 pm y se archivó dentro de Arte y Poesía. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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