Voy camino a la tormenta, con una imagen tuya guardada en el bolsillo y otra en el espejo retrovisor.
Un millar de canciones atormentan y animan mis pensares mientras ráfagas de viento revolucionan mi alrededor.
Desnudo en el ojo de la huracán encomiendo mi destino a Dios mientras me hace invisible ante mis enemigos.
Lo que sigue de aquí en adelante está por escribirse …